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Verla
navegando en el golfo nuevo allá por el
año 1946 era interpretar la diferencia
entre un barco a motor y un velero de armoniosas
líneas.
Costaba creer que una embarcación así
fuera destinada a la captura del cazón,
que por aquel tiempo era la pesca comercial preferida.
La goleta estaba cargada de historia. Entre sus
lauros sobresalían principalmente aquel
de 1916 cuando fue contratada para rescatar a
los náufragos de la expedición antártica
de Sir Shackleton, que se encontraba en la isla
elefante, tras la pérdida de su buque el
Endurance; y también los servicios prestados
recorriendo y abasteciendo a los colonos australes.
Manolo y Antonio Cruceiro, hijos de quien fuera
contramaestre de la goleta Emma, me contaban que
el padre decía lo seguro que era para navegar
y lo bien que lo hacia. Últimamente le
habían colocado un pequeño motor
naftero que ayudaba a la navegación a vela
y a maniobrar para recoger los espineles con los
cazones.
Estando atracada con carga al muelle Piedrabuena,
con marea baja se la veía escorada apoyada
en el. Realmente era muy bonita.
Lamentablemente, la mañana del 20 de enero
de 1947, un descuido de uno de los tripulantes
cuando se encontraban traspasando combustible
desde los tambores de cubierta, al tanque ubicado
en la bodega, desacopló el enganche de
la manguera y produjo un derrame, no muy importante
en cantidad pero sí por el lugar donde
se produjo. Inconscientemente momentos después,
encendió un cigarrillo y arrojó
el fósforo al suelo sin percatarse que
estaba aún con llama. Rápidamente
se produjo el incendio, quemándosele incluso
el calzado humedecido con la nafta y al correr
desparramó el fuego. A pesar de los intentos
de apagarlo todo fue en vano y debieron hacer
abandono de la Emma en una pequeña lancha
que habitualmente les llevaba provisiones y combustible
denominada “tucutuco”.
El barco “Asturiano”, de la sociedad
anónima, que se encontraba amarrado en
el muelle trató de acercarse para intentar
apagar el fuego, pero no tuvo éxito. Nosotros
éramos chicos y veíamos desde la
playa, como explotaban los 12 tambores de combustible
que tenia en cubierta. Después nos sentamos
debajo de los tamariscos, en el cordón
de la vereda inconclusa de Sarmiento y Roca, desde
allí seguimos viendo el incendio hasta
la media noche que nos fuimos.
A la mañana siguiente nos enteramos que
a las tres de la mañana se había
hundido.
Años después, en ese lugar, se comenzaron
a pescar salmones y meros y así se fue
convirtiendo en un lugar atractivo para los pescadores
con línea, no se sabia de las cañas
por aquella época.
A partir de 1957 se convirtió en un atractivo
para la caza submarina que recién llegaba
al país de la mano de Jules Rossi.
En 1970 nacería allí el primer parque
submarino de la argentina.
Historia contada por Pancho Sanabra.*
* Miembro del equipo argentino que compitió
en distintos países de América y
Europa. Director técnico de la selección
argentina de caza submarina.
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