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NAUFRAGIO A. MIRALLES

Si hay un sitio de buceo que despierta sensaciones; ese es el Miralles. Sin duda esta embarcación de 60 metros de eslora cumple con todas las expectativas del buzo que gusta de los naufragios. Este buque construido en Francia, formo parte junto al Albatros, el Jorge Antonio y el Maria dolores de la flota de la empresa pesquera Estrella del mar. Amarrados todos ellos en el muelle Almirante Storni, durante 1991 un fuerte temporal los varó en la playa del lado sur del muelle, salvo al Jorge Antonio que terminó hundido del lado norte del Storni.
Donado el Miralles por la empresa Yiorno S.A. (que lo había adquirido para quedarse con su permiso de pesca) a la subcomisión de buceo de la Cámara de Comercio de Madryn, comenzó a gestarse el proyecto que lo llevó al fondo del mar como parque submarino, en el que colaboraron la Asociación de Operadores de Buceo, distintas empresas del sector privado, la Prefectura Naval y la Armada Argentina junto con los organismos de turismo provincial y municipal.

El buceo: descendiendo por el cabo que nos lleva a la popa del pesquero lo vemos casi llegando a el (aquí es frecuente la poca visibilidad, no mas de 8 metros). Arrodillados en el fondo arenoso y a unos metros de la popa, levantando la cabeza observamos esa mole a la que le falta la hélice como un gigante oculto en la niebla. Pero al comenzar a recorrer la banda de babor hacia proa, con las linternas(es aconsejable llevarlas) rompemos la tonalidad azulada de las profundidades y el colorido asoma con blancos y rojos tapizando cada centímetro del Miralles. Nos dirigimos a la cubierta, donde una serie de aberturas en el piso de madera nos conducen a la bodega principal, liberada de todo obstáculo por el trabajo previo al hundimiento. Como en todo lugar cerrado aquí se debe tener cuidado con el aleteo para no levantar sedimentación, resulta todo un placer avanzar boca arriba admirando el contraste entre los oscuros rincones de la bodega y la luz natural. En proa podemos ingresar al pañol de cadena para salir por un lugar diferente y dirigirnos a la banda de estribor, hacia el puente de mando, siendo este muy interesante para ingresar por una banda descubrir como es la visión del capitán hacia su barco y salir por la otra. Nos quedan todavía la sala de maquinas, el comedor y la popa por recorrer, aunque lo mejor no es contarlo, si no vivirlo.
Conocer bien el Miralles requiere de más de una inmersión.